Sarah Victoria Arias Lopez
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Sarah Arias

Estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política apasionada por las dinámicas globales, con experiencia en investigación, actuación de voz y comunicación estratégica.

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La Doctrina Monroe: Un paradigma que pretendía ser solidario y terminó convirtiéndose en la Doctrina Donroe
Relaciones Internacionales

La Doctrina Monroe: Un paradigma que pretendía ser solidario y terminó convirtiéndose en la Doctrina Donroe

Con 202 años de vigencia, la Doctrina Monroe sigue siendo el pilar de la política exterior estadounidense. Desde su origen como defensa del hemisferio hasta su transformación en herramienta de dominación imperial.

Jan 16, 2026
10 min de lectura
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Definir la Política Exterior de Estados Unidos no es un asunto sencillo, sin embargo se puede seguir un hilo conductor que se remonta dos siglos atrás. El 2 de diciembre de 2025, la Casa Blanca publicaría un comunicado oficial en donde el presidente electo, Donald Trump, se encargaría de recordar la Doctrina Monroe. Con 202 años de vigencia, el mandatario dedicaría unas palabras a esta reconocida Doctrina estadounidense que dio orígenes a la tan cuestionada política exterior que rige hoy al país.

Partiendo abruptamente con la imposición de aranceles a países principalmente de América Latina, logró generar terror en estas economías domésticas, provocando además incertidumbre en sus mercados y en el futuro del libre comercio internacional. En el caso de Colombia, después del pronunciamiento del presidente Gustavo Petro frente a la deportación en condiciones inhumanas de un grupo de ciudadanos colombianos que se encontraba viviendo en Estados Unidos, en donde se negó a recibir el avión en donde venían esposados como criminales, el presidente Trump decidió por cuenta propia imponer un 25% a los aranceles de todos los productos que se importaran de Colombia. Además apuntó a que podría subirlos a un 50% si Petro no cambiaba su postura y aceptaba los términos de deportación. Con un tono dominante y pujante, Donald Trump comenzaba su estrategia que más tarde escalaría a niveles inesperados.

Simultáneamente, desde la agencia federal del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) encabezado por Kristi Noem y bajo órdenes directas de Donald Trump, iniciarían las redadas, detenciones y operaciones de ICE (Immigration and Customs Enforcement) contra miles de inmigrantes, familias, niños, mujeres que a boca del gobierno de Estados Unidos significan una amenaza a la seguridad nacional del país norteamericano. El fundamento principal fue catalogarlos como inmigrantes ilegales o "Aliens", sin embargo a día de hoy se conocen múltiples casos de ciudadanos legales y nacionalizados estadounidenses con ascendencia de otras partes de América que han sido detenidos por el ICE. Es verdad que en anteriores gobiernos, como el de Barack Obama, también se registraron miles de deportaciones, sin embargo la crítica al actual gobierno ha sido apuntar a la brutalidad, violencia y frialdad con la que los agentes y funcionarios del gobierno operan y manejan la situación migratoria.

"¿Qué ha llevado entonces al actual presidente de los Estados Unidos de América a desplegar políticas, que a nombre de él mismo, se han caracterizado por ser agresivas, con el principal fin de abogar por la paz y dar prioridad a Estados Unidos mediante la fuerza? Aquí es donde entra la Doctrina Monroe."

La Doctrina Monroe se expuso por primera vez ante el Congreso de los Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823 y fue articulada por el quinto presidente, James Monroe, durante su séptimo discurso anual sobre el Estado de la Unión.

El contexto histórico de la época apuntaba a la reciente independencia de algunos países en el continente americano. Entre estos se encuentran México, la Gran Colombia (Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá), Brasil, Perú, Chile, Paraguay, Haití y por supuesto Estados Unidos y a otros que estaban cerca de lograrla. Al mismo tiempo en Europa, las potencias victoriosas emergían del Congreso de Viena (1814-1815), y a raíz del término de las revolucionarias guerras napoleónicas surgía la Santa Alianza entre Rusia, Prusia y Austria para defender el monarquismo. Todos estos sucesos significaron en ese entonces un temor para Estados Unidos del retorno de las potencias coloniales europeas al hemisferio occidental.

James Monroe y el contexto histórico de la Doctrina Monroe
El presidente James Monroe articuló la doctrina en 1823 ante el Congreso de Estados Unidos

Esta necesidad de EUA por impedir que el continente que estaba al otro lado del Océano Atlántico dominara nuevamente sus territorios, los llevó a articular la Doctrina Monroe. El autor de la doctrina fue John Quincy Adams, secretario de Estado y sexto presidente de Estados Unidos, y finalmente aceptada y pronunciada por James Monroe.

El principal objetivo de esta doctrina fue advertir a todas las potencias europeas, haciendo especial énfasis en la Santa Alianza y en Gran Bretaña, que los Estados Unidos tomaban una postura firme en contra del colonialismo europeo en el continente americano. Más explícitamente, hacían referencia a que cualquier intervención en alguno de los países que habían batallado por su independencia significaría un acto potencialmente hostil contra los Estados Unidos. Estas palabras reafirmaban la soberanía, independencia y total autonomía de los territorios americanos frente a Europa.

"Esta repentina defensa de los Estados americanos sería puramente moral para esos años, ya que EUA aún no era considerada una potencia regional ni estaba cerca de serlo ya que carecía de armamentos y un ejército que se impusiera."

Sería recién en el siglo XX que la Doctrina Monroe se convertiría en el pilar de seguridad y política expansionista de la futura potencia.

"América para los americanos"

"América para los americanos" es una frase célebre que seguramente todos habrán escuchado. Nació a la par de este contexto con una definición que iría mutando con el tiempo. Si inicialmente esta proclamación sugería la defensa de todas las naciones independientes americanas por parte de EUA, más adelante se tornaría en lo que desde un principio pretendía ser: La defensa de los propios intereses de Estados Unidos.

Con apoyo u omisión de EUA, después de adoptar la Doctrina Monroe se produjeron las tan temidas intervenciones europeas en países americanos. Se puede nombrar algunas como la ocupación de las Islas Malvinas por parte de Gran Bretaña (1833), el bloqueo de barcos franceses en puertos argentinos (1839-1840), el bloqueo anglo-francés al Río de la Plata (1845-1850), la invasión española a República Dominicana (1861-1865), la intervención francesa en México (1862-1867), la guerra hispano-sudamericana (1865-1866), la ocupación inglesa de Mosquitia (Región del Caribe) y la ocupación de Guayana Esequiba (Venezuela) por Gran Bretaña (1855).

Mapa histórico de las intervenciones europeas en América
Las intervenciones europeas en América durante el siglo XIX evidenciaron las limitaciones de la Doctrina Monroe

El Corolario Roosevelt y la política del Gran Garrote

Cabe preguntarse entonces la verdadera intención de la doctrina, teniendo en cuenta que estaba beneficiando unilateralmente a Estados Unidos y afectando al resto del continente a pesar de que en el papel se estableciera la defensa de todos. Para 1904, el presidente Theodore Roosevelt emitió el conocido "Corolario Roosevelt", a raíz del bloqueo naval a Venezuela por potencias europeas a comienzos del siglo XX, estableciendo que "si un país europeo amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el gobierno estadounidense estaba obligado a intervenir en los asuntos de ese país para 'reordenarlo', restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas".

De esta manera se fue tejiendo y expandiendo con mayor intensidad la dinámica de la política exterior y la seguridad nacional del país, esclareciendo que lo que verdaderamente se estaba formando era una nación imperialista y colonial. Este corolario supondría realmente el paso libre a Estados Unidos para justificar numerosas intervenciones en América Latina y el Caribe.

A partir de este punto, la política exterior de Estados Unidos dejaría de operar únicamente desde el plano discursivo o doctrinario para convertirse en una práctica sistemática de poder, conocida como la política del Gran Garrote (Big Stick). Más que una doctrina formal, el Gran Garrote representó una lógica de acción: el uso explícito o latente de la fuerza como mecanismo para asegurar la primacía de los intereses estadounidenses en el hemisferio occidental. La diplomacia pasaba a estar respaldada permanentemente por la amenaza militar, económica o política, configurando una relación profundamente asimétrica entre Estados Unidos y el resto del continente.

Bajo esta lógica, Estados Unidos intervino de manera recurrente en los asuntos internos de los países latinoamericanos, no solo mediante ocupaciones militares, sino también a través del control de aduanas, la imposición de acuerdos desiguales, el respaldo a gobiernos afines y la protección directa de empresas y capitales estadounidenses. La estabilidad regional dejó de definirse en función de la autodeterminación de los pueblos y pasó a interpretarse desde los parámetros de seguridad, orden y rentabilidad establecidos por Washington. En este esquema, cualquier intento de autonomía política o económica podía ser considerado una amenaza que justificara la intervención.

"El Gran Garrote se apoyó además en una narrativa que presentaba a Estados Unidos como garante del orden y la civilización frente al "caos" o la "incapacidad" de los Estados latinoamericanos."

Esta mirada no solo legitimó la injerencia externa, sino que consolidó una visión jerárquica del continente, en la cual Estados Unidos se atribuía el derecho de decidir cuándo y cómo debía restablecerse el orden. De este modo, la política exterior estadounidense adoptó un carácter abiertamente imperial, aunque envuelto en un discurso de protección, estabilidad y responsabilidad internacional.

Esta dinámica marcaría profundamente la historia política de América Latina durante el siglo XX y sentaría un precedente duradero: la normalización del uso de la coerción como herramienta legítima de política exterior. El Gran Garrote no fue un episodio aislado, sino la cristalización de una forma de entender el poder y la seguridad hemisférica que, con adaptaciones y nuevos instrumentos, continúa proyectándose hasta la actualidad.

La Doctrina Monroe en el siglo XXI

De este modo, puede afirmarse que la Doctrina Monroe no solo mantiene su vigencia, sino que fue explícitamente reafirmada en diciembre de 2025 por el presidente Donald Trump, quien sostuvo que los principios enunciados por James Monroe constituían aún la base del accionar estadounidense en materia de seguridad y política exterior. No obstante, dicha reafirmación estuvo acompañada por un tono marcadamente más agresivo y beligerante, al punto de que el propio mandatario introdujo lo que denominó su "Corolario Trump".

"Reforzada por mi Corolario Trump, la Doctrina Monroe sigue vigente, y el liderazgo estadounidense regresa con más fuerza que nunca. Hoy renovamos nuestro compromiso de defender siempre la soberanía, la seguridad y la protección de Estados Unidos como prioridad."

— Donald Trump, Presidente de Estados Unidos
Donald Trump y la reafirmación de la Doctrina Monroe
La administración Trump ha reafirmado explícitamente la vigencia de la Doctrina Monroe

Estas declaraciones no quedaron confinadas al plano discursivo, sino que sentaron las bases políticas y simbólicas de los acontecimientos ocurridos a comienzos de 2026, cuando Estados Unidos intervino militarmente en Venezuela y Nicolás Maduro fue arrestado y trasladado a instalaciones de la DEA en Nueva York. Más allá de los argumentos utilizados para justificar dicha acción, el episodio puso en evidencia la persistencia de una lógica de intervención unilateral en el hemisferio.

Las reacciones en América Latina y en otras regiones del mundo fueron profundamente divisorias. Sin embargo, más allá de determinar quién tiene razón o quién está equivocado, resulta urgente analizar la convicción con la que el gobierno estadounidense comunica y ejecuta estas políticas. En ese sentido, las declaraciones del secretario de Defensa, Pete Hegseth —quien retomó la célebre frase atribuida a Henry Kissinger al afirmar que "América Latina es el patio trasero de Estados Unidos"— revelan la continuidad de una visión jerárquica del continente.

Conclusión

Tras este recorrido histórico, se impone una pregunta central sobre el futuro de las naciones americanas que lucharon siglos atrás por su independencia. Si la independencia implica la existencia de Estados soberanos, libres y autónomos, resulta imprescindible observar cómo se gestionarán, de ahora en adelante, los desacuerdos y diferendos entre Estados Unidos y aquellos países que no se alineen con sus términos.

Porque si todos los Estados son formalmente soberanos, ¿por qué uno de ellos continúa actuando como el policía del mundo?

Sarah Arias

Escrito por

Sarah Arias

Estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política apasionada por las dinámicas globales, con experiencia en investigación, actuación de voz y comunicación estratégica.

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