Los resultados de la primera vuelta presidencial , anunciados el 31 de mayo en la República de Colombia, abren un enorme espacio para el debate público, en donde tanto analistas políticos como la misma sociedad civil aprecia una tendencia clara sobre lo que puede esperar el país respecto a los resultados de la segunda vuelta. Estos se conocerán el 21 de junio cuando tanto colombianos residentes en el exterior como quienes se encuentran dentro del territorio nacional ejerzan su derecho a voto.
Analizando los resultados
Aunque las encuestas que se fueron desarrollando en la recta final de la campaña electoral sugerían a Iván Cepeda como un posible vencedor en la primera vuelta, la realidad es que esta estimación no logró llegar del todo a puerto y fue Abelardo De la Espriella quien obtuvo el mayor porcentaje de votos, pasando a segunda vuelta junto a Cepeda. Ahora bien, es necesario detenernos aquí y echar un vistazo a las cifras obtenidas después de estas primeras votaciones, que ciertamente indican una reconfiguración importante a analizar respecto a la realidad política e ideológica del país.
De la Espriella logró pasar primero con cerca del 43,7%, victoria que sin lugar a duda fue una noticia inesperada para el oficialismo, e incluso sorprendente para los votantes de Abelardo. Aunque medios como La Silla Vacía (2026) declaren en sus titulares que “El peor escenario de Cepeda se dio”—este sería haber quedado segundo— el hecho de que Iván Cepeda lograra pasar a segunda vuelta con el 40,9% parece no ser el peor de ellos. No se puede decir lo mismo del caso de Paloma Valencia, quien no alcanzó el 7%. Sergio Fajardo alcanzó solo un 4,2% y Claudia López a duras penas llegó con el 1%. (Medina, 2026).
Lo primero que podría afirmar de facto es el notorio nivel de polarización que acompaña este escenario electoral. No es solo el hecho de que dos candidatos con ideales, propuestas, personalidades y motivaciones totalmente diferentes se estén enfrentando nuevamente en las urnas en 10 días, es también la fuerza, impacto y representatividad que están perdiendo los candidatos de centro en el país. Para muchos ser de centro podría ser equivalente a ser “tibio” como se dice en Colombia, para otros es la postura más cómoda frente a lo que ellos considerarían “*dos extremos*”. Considerando las diferentes opiniones respecto a su definición, los estudios que analizan la significancia de los candidatos de centro sería muy acertada en un contexto de coyuntura política como la que vive Colombia en estos momentos, y para futuras elecciones en los países latinoamericanos. Aunque un debate sobre este tema parece interesante, no es exactamente de lo que se tratará este artículo. Damos por sentado que el 43,7% del electorado ha marcado una inclinación hacia un posible próximo presidente de extrema derecha. Y aunque también es importante conocer al candidato del oficialismo, para este escrito en particular el objetivo será analizar lo que se esconde detrás de esta tendencia electoral actual. Para eso centraré la atención en quien dice ser *un tigre*.
Abelardo De la Espriella se presenta ante los medios como un “outsider”. En Ciencia Política, el término *outsider* se utiliza para describir a figuras que ingresan a la competencia electoral desde fuera de los partidos tradicionales o de las élites políticas establecidas, construyendo su legitimidad política a partir de trayectorias ajenas a la política profesional. Bajo mi criterio propio no posicionaría al candidato bajo esta categoría, más bien diría: Abelardo De la Espriella representa la continuidad política e ideológica de la derecha colombiana pero bajo un nombre más moderno y llamativo. Con Paloma Valencia quedó claro que el uribismo como norma pierde impulso a primera vista ya que la candidata de Álvaro Uribe no obtuvo el apoyo que éste esperaba, pero reitero, De la Espriella representa una mutación oportuna para una derecha dispersa y debilitada.
Considerar a este nuevo personaje como un “outsider” sería ignorar la realidad de su pensamiento, porque si bien es cierto que trayectoria política no tiene, la narrativa que promueve, su línea discursiva, identidad política y marco ideológico se encuadran perfectamente dentro del pensamiento conservador que ha ocupado un lugar central en la política colombiana durante gran parte de su historia, y que si no fuera por el actual presidente, Gustavo Petro, aún apreciaríamos esa continuidad ininterrumpida. A pesar de que el ex presidente Álvaro Uribe presentó a Valencia como su candidata, es Abelardo De la Espriella quien cumple con los criterios y deseos más profundos de éste por mantener a las élites conservadoras en lo más alto de la pirámide del poder. “*Ganó el Dr. Abelardo De La Espriella. Cumplimos la palabra, votaremos por él y pedimos que se vote por él y por Colombia*”, declaró Uribe en su cuenta oficial de la red social *X. *
Uribe estaría sugiriendo que votar por De la Espriella significa “votar por Colombia”. Y esta frase resulta muy interesante de analizar. Con la llegada de Gustavo Petro al ejecutivo, grupos que históricamente estaban adheridos al poder sufrieron un golpe de realidad: la gente estaba despertando. Este nuevo gobierno significaba una disrupción e intromisión a lo que había sido un extenso capítulo de gobiernos conservadores y más alineados con políticas de derecha en el país. Dentro de la opinión pública existe una premisa muy popular: Refiere a la dificultad del gobierno de turno por “mejorar de golpe” las inestabilidades, problemas, desigualdades o situaciones desfavorables que aquejan a una nación desde mucho antes de la asunción de dicho gobierno en tan solo 4 años (que suele ser el período presidencial normativo en países de Latinoamérica). Esto hace alusión a que era el gobierno precedente el actor principal causante de aquellas adversidades. Y aunque para analizar este escenario se deben considerar ciertos matices, en el contexto histórico de la política colombiana sería irrisorio adjudicar la realidad nacional enteramente al primer líder de izquierda-progresista y su gobierno en alcanzar el poder, sin considerar el trasfondo político que marcó al país en gobiernos anteriores.
Siguiendo con este planteamiento, que sugiere a Colombia como un país con una dinámica histórica orientada hacia un espectro político conservador, tradicional, con valores del ala derecha de la política y cuya sociedad se ha forjado bajo los lineamientos de gobiernos que siguen esta tendencia, es pertinente preguntarse ¿Por qué la narrativa que dirige la estrategia electoral de la oposición implanta la idea de que “recuperar” a Colombia o “salvarla” significa retornar a gobiernos de derecha, o en este caso de “extrema derecha”? ¿Acaso parte de la población colombiana está ignorando un trasfondo político que va más allá de los 4 años del primer gobierno de izquierda que ha dirigido a Colombia?

El miedo como herramienta política
Al parecer hay una palabra en particular que describe con precisión lo que las élites más poderosas de este país han intentado instaurar en la vida general de los colombianos y colombianas: El miedo.
Un estudio desarrollado por Markus Wagner y Davide Morisi, titulado “Anxiety, Fear and Political Decision Making” analiza el poder significativo que acarrean emociones como la ansiedad, el miedo, entre otras en nuestras decisiones políticas. Los autores catalogan dichas emociones como “negativas” argumentando que —comprobados gracias a diversos estudios psicológicos— tienen efectos nocivos en la mente y el cuerpo humano, es decir que la repercusión no es solo emocional sino también incide en el plano material.
"“Although anxiety clearly has effects on information seeking, it may also influence how individuals process this information and how, in turn, they make decisions” (Wagner & Morisi, p. 10)."
* *Los autores explican en un capítulo previo como la ansiedad y el miedo incrementan la necesidad en una persona de buscar información de manera impulsiva, pero que a su vez estas emociones influyen en cómo los individuos procesan dicha información y por consiguiente cómo toman decisiones en base a ésta.
En mi caso resulta interesante observar que no sigo a ninguna figura política de derecha, y a pesar de esto me vi bombardeada por publicidades pagas de candidatos de la oposición como Paloma Valencia y Abelardo De la Espriella haciendo campaña. Es justo preguntarse ¿Se nos está intentando imponer una narrativa específica a como dé lugar? pero más importante aún ¿Cuál es esta narrativa?
Si lo que quieren producir en la gente es esperanza y alivio, he de decir que realmente están generando todo lo contrario. Desinformación, angustia, caos y miedo. Estas figuras, que son tan críticas (aparentemente) con la delincuencia, los crímenes, el narcotráfico, el desorden, están logrando perpetuar un ciclo histórico de violencia que ha atravesado la realidad de nuestro país, el cual refuerza la idea de que la solución ante el contexto conflictivo que penetra a la sociedad colombiana es más agresividad, más hostilidad, más represión y más confrontación haciendo uso de la fuerza y de herramientas coercitivas.

Conclusión
Frente a ello, quisiera hacer un llamado a la reflexión. Resulta difícil imaginar una Colombia diferente, una Colombia donde el odio, la agresividad, la hostilidad y la violencia dejen de estar normalizados, si seguimos transitando los mismos caminos que han contribuido a consolidar esa realidad. El poder de la palabra parece cuestionable hasta que comenzamos a ver los frutos de discursos que promueven el odio como norma, y destacan la violencia como la vía más factible para liderar una nación.
Colombia es indudablemente hermosa y es entendible que los colombianos queramos disfrutar de las riquezas y diversidad que nos brinda el territorio. Buena parte de la historia nacional ha transcurrido bajo la sombra de la violencia, ningún colombiano es ajeno a este contexto y en la actualidad todos buscamos una forma de salir a flote.
Sin embargo el impacto que han traído las narrativas antes mencionadas perpetúan incansablemente esos patrones en nosotros mismos de manera inconsciente y una forma de liberarnos de ellos es decirle no más a figuras que usan el miedo como una herramienta política y de manipulación.
Colombia significa mucho más de lo que te hacen creer.






