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Se encienden las alarmas en la Amazonía colombiana: Leticia podría perder su salida al río
Política Latinoamericana

Se encienden las alarmas en la Amazonía colombiana: Leticia podría perder su salida al río

El Congreso peruano aprobó la creación del distrito de Santa Rosa de Loreto, desatando una controversia diplomática con Colombia sobre la soberanía de un territorio amazónico históricamente disputado.

Aug 5, 2025
7 min de lectura
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El 12 de junio de 2025 el Congreso de la República del Perú aprobó por unanimidad la Ley N° 32403 que declara la creación del distrito de Santa Rosa de Loreto en la Amazonía. El 5 de Agosto el presidente colombiano, Gustavo Petro, responde de manera contundente a través de la red social X (antes Twitter) rechazando la soberanía peruana sobre el territorio. Pero ¿Cuál es la raíz de esta disputa?

La Isla Santa Rosa se encuentra ubicada en la frontera amazónica de Colombia y Perú, una zona que muchos reconocen bajo el apodo de "El pulmón del mundo", y por si fuera poco se encuentra sobre el río Amazonas, el más caudaloso de la tierra. Esta pequeña isla, desde el mes de agosto, dio lugar a una serie de desacuerdos transfronterizos que permitieron sacar a la luz el abandono estatal por parte de ambos países durante las últimas décadas. El anuncio por parte del Perú no declara la anexión a la isla, sino rectifica su soberanía sobre ella a través de la creación del distrito de Santa Rosa de Loreto, dando a entender que siempre la consideraron parte de su territorio. Por su lado, Colombia acusa al gobierno peruano de anexionarse un territorio que históricamente ha estado en disputa, usando como argumento los Tratados de Salomón-Lozano (1922) y Río de Janeiro (1934).

"Colombia no acepta el acto de anexionamiento de la isla de Santa Rosa por parte de Perú…"

— Gustavo Petro, Presidente de Colombia

Los tratados históricos

El primero consistió en un acuerdo de límites firmado y ratificado por Colombia y Perú, en el que se puso fin a un litigio territorial que mantuvieron ambos países prolongado por varias décadas y en el que finalmente la línea de frontera quedó acordada, convenida y fijada. El segundo sostuvo la ratificación y ejecución del Tratado Salomón-Lozano confirmando la delimitación de la frontera y además añadiendo un nuevo criterio: Establece el uso del Talweg.

El protocolo de Rio de Janeiro pretendía evitar conflictos transfronterizos futuros y permitir que la delimitación fuera justa tanto para Colombia como para Perú. Es por ello que consagraron al Talweg, la línea que sigue el canal principal de navegación el cual coincide con la parte más profunda del río. Sin embargo, aquí surge un problema crucial. Dado que el canal iba variando con el tiempo y el protocolo no establecía coordenadas fijas, abrió la puerta a confusiones e interpretaciones unilaterales. La frontera ahora se movía con el canal principal. Entendiendo que este protocolo no sugiere la asignación de la Isla a ninguno de los dos Estados y tampoco clarifica el accionar requerido en caso de que nuevas islas se formen de manera natural, ambos países han tomado posturas diferentes.

Las posiciones enfrentadas

Perú sostiene que la Isla Chinería se encuentra dentro de la frontera peruana ya definida, por esta razón no habría punto de discusión ya que el distrito de Santa Rosa estaría vinculado a la isla.

Por otro lado, Colombia sugiere que la Isla de Chinería se formó por sedimentación después de los Tratados y por ende rechaza cualquier acto de anexión o declaración de soberanía sobre la isla por parte de Perú. Al mismo tiempo solicitó la creación de una comisión binacional para determinar su soberanía, sosteniendo su argumento en los cambios geográficos de las últimas décadas.

"No existe ningún diferendo limítrofe con Colombia […]. Reiteramos que no existe discusión alguna sobre la soberanía del Perú en el distrito de Santa Rosa de Loreto, ni en ninguna de nuestras otras fronteras."

— Eduardo Arana, Presidente del Consejo de Ministros del Perú

Las consecuencias para Leticia

El conflicto desatado trae consigo cantidad de interrogantes pero principalmente obliga a los ciudadanos a cuestionarse si esto realmente se pudo haber evitado. La mayor preocupación actual de Colombia no solo reside en si la Isla de Santa Rosa pertenece a la jurisdicción peruana o colombiana sino más bien, las consecuencias que esto traería para el país. Es importante tener presente que, si la Isla sigue creciendo hacia el lado colombiano, Leticia, capital de la región colombiana de la Amazonía y único puerto fluvial estratégico que posee el país en la zona, perdería su salida al río.

Las advertencias científicas

Desde finales del siglo pasado, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia han venido señalando una transformación progresiva en el comportamiento del río Amazonas en el tramo fronterizo con Perú. Registros hidrológicos realizados en 1993 mostraban que la mayor parte del caudal que atravesaba el estrecho de Nazareth se dirigía hacia los canales colombianos. Sin embargo, nuevas mediciones efectuadas en junio de 2025 evidenciaron una inversión casi total de esa dinámica: menos de una quinta parte del flujo actual continúa por el brazo colombiano, mientras que el volumen dominante se desplaza hoy por el lado peruano. Estos cambios, explicados por procesos naturales de sedimentación y reconfiguración del lecho del río, habían sido advertidos por la comunidad científica como señales de un riesgo creciente para la posición fluvial de Colombia en el Amazonas, alertas que con el tiempo terminaron por materializarse.

Comparación del cambio geomorfológico de la Isla Chinería entre 1993 y 2020
Evolución de la Isla Chinería: comparación entre 1993 y 2020 mostrando el desplazamiento del caudal del río Amazonas

Un proyecto ignorado

Ya a mediados de la década de 2000, la ingeniera Lilian Posada, profesora de la Universidad Nacional de Colombia en la sede Medellín, encabezó una iniciativa técnica orientada a frenar esta tendencia. El proyecto proponía intervenir puntos críticos del cauce mediante la remoción controlada de materiales, con el objetivo de estabilizar el flujo y preservar una distribución más equilibrada del caudal en los canales que benefician a Colombia desde el estrecho de Nazareth. Pese a su carácter preventivo y técnico, la propuesta no fue incorporada a la política pública de la época, quedando archivada durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, sin que se adoptaran medidas estructurales para enfrentar el problema.

Conclusión

Lo ocurrido en torno a la Isla Santa Rosa expone con claridad las prioridades y omisiones que han marcado la política amazónica de los Estados involucrados durante décadas. La preservación y gestión estratégica de la Amazonía, pese a su relevancia ambiental, territorial y geopolítica, no ocupó un lugar central en la agenda pública sino hasta que el conflicto adquirió una dimensión diplomática explícita. Solo cuando el Congreso peruano aprobó una ley que afectaba de manera directa los intereses colombianos, el gobierno de Colombia decidió pronunciarse, transformando una advertencia científica largamente ignorada en un asunto de política exterior.

Más allá del debate jurídico sobre la soberanía de una isla cuya formación responde a procesos naturales, el núcleo del problema reside en la negligencia política sostenida frente a transformaciones geográficas previsibles y documentadas. Durante años, estudios científicos alertaron sobre la pérdida progresiva de caudal en los brazos colombianos del río Amazonas y sobre el riesgo que ello implicaba para Leticia. La ausencia de políticas públicas efectivas, de planificación fluvial y de coordinación interinstitucional permitió que un fenómeno natural se convirtiera en una vulnerabilidad estratégica.

Este escenario obliga a replantear el enfoque con el que los Estados han abordado la Amazonía: no solo como un símbolo ambiental o un espacio periférico, sino como un territorio vivo cuya dinámica exige decisiones técnicas oportunas y cooperación regional sostenida. De no adoptarse medidas concretas en el corto y mediano plazo, existe el riesgo real de que Leticia vea comprometido su acceso permanente al Amazonas, con consecuencias económicas, sociales y geopolíticas que trascienden la frontera colombo-peruana y afectan a la cuenca amazónica en su conjunto.

En este sentido, el conflicto actual no debería entenderse únicamente como una disputa territorial, sino como una oportunidad para corregir décadas de inacción y avanzar hacia una gestión responsable, preventiva y cooperativa del río Amazonas, un recurso cuya importancia no solo es estratégica para los Estados ribereños, sino vital para el equilibrio ambiental del planeta.

Sarah Arias

Escrito por

Sarah Arias

Estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política apasionada por las dinámicas globales, con experiencia en investigación, actuación de voz y comunicación estratégica.

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